24 de septiembre de 2009

Los Enemigos de Dios

He de confesarlo: soy un hereje.

La acepción directa de dicha palabra nos remontaría a álguien que "duda y se cuestiona" acerca de las acciones divinas. No creo que me lleguen a ver de rodillas dentro de una iglesia, pero tampoco creo que me vean quemándola. Dios (o lo que sea) y yo (o lo que sea) tenemos una extraña relación: yo no me meto con él y él no se mete conmigo. Es una relación mucho más sana que la de muchos otros.

Y a pesar de esa distancia, dicen que soy un enemigo de Dios...

Enemigo como lo es todo aquel que un maldito día se dijo a sí mismo: "¿En serio?" "¿Será cierto?" "¿Pero entonces, por qué...? Formo parte de esos Enemigos, porque decidimos que nuestras rodillas dejarían de ser parte del suelo y nuestra mirada no debería seguir clavada hacia abajo; porque Dios será un Dios, pero Humanos somos todos los demás y el miedo nunca ha sido la forma de engendrar amor, No importa que, dos mil años después, sus representantes terrenales sigan creyéndo en este método y ejerciendo dominio sobre nuestras mentes hasta el dia de hoy.

Soy un Enemigo de Dios porque hubo algo extraño y lo noté. Porque a pesar de todo el miedo que aún pueda tener mi persona en algunos otros aspectos, éste ha desaparecido en muchos otros. Soy yo, un Enemigo más de Dios, que se parte la madre en su trabajo, en la escuela, en la vida, en su actuar diario; y que no creo en la buenaventura de aquellos que quieren que bese sus manos y llene mis labios del lodo que éstas tienen y se desviven por esconder.

Somos Enemigos productivos, Enemigos que piensan y que, como mayor afrenta al mundo institucional de la religión, creemos que hay espreranza de algo mejor.

Estigmatizados, perseguidos a distintos niveles y en diversas maneras, han decidido que somos un peligro para esta sociedad y los millares de hogares guadalupanos, porque hemos visto sus cúpulas de luz y nos hemos dado cuenta que sólo son reflectores que ciegan a sus pueblos.

Y del otro lado, ahí están sus defensores: desquiciados, secuestradores, cínicos, inconscientes de su propia realidad, sin el menor respeto por la vida y condición humana, descarados, hipócritas, predicadores huecos incapaces de seguir sus propias palabras, defensores de ideales contradictorios, fanáticos con las agallas de poner en peligro la vida humana con tal de propagar sus acciones enajenantes y de beneficio propio, manchando la imagen de dios para limpiar las propias.

Y debo dejar bien claro: NO hablo de aviones, latas o metros...

Este pueblo ha perdido la fe. Les fue arrebatada por gente que no usa latas de jugo ni pistolas de 6 tiros. Sino por entes enfermos de poder y cegados de vanidad para ver su realidad.

Los sueños de un mundo mejor han sido pulverizados por aquellos que nos tachan de Enemigos.

Pero ¿Quién puede culpar a toda esta gente? A todos aquellos que no saben cómo llegarán ellos y sus familias al siguiente día porque no tienen un peso en la bolsa? ¿Y quién puede culpar a los otros dos fanáticos? ¿Quién con un dogma tan cerrado y arraigado no pensaría que el haber dejado el control y futuro del país en las manos de semejantes arpías dantescas no es un castigo divino?

¿Qué será de todos: amigos, indiferentes y enemigos de Dios, que el descarado y salvaje actuar de aquellos en el poder nos ha quitado incluso el sentimiento de fe en lo que vemos? Nos han quitado la capacidad de dudar, de creer en los que nos dicen a través de sus monos mediáticos, nos han arrebatado la necesidad de repetirnos "es un hecho aislado, es un hecho aislado"... nos han dejado sin el sentir de creer que es real y no montajes que nos dan circo a falta de pan y que malévolamente usan de pretexto lo más sagrado (y tal vez la última esperanza) del pueblo, como es su fé en algo divino?

¿Quién está más desquiciado? ¿Aquél que carga una pistola y le quita la vida a dos personas en el metro, o aquél que desata guerras sin sentido contra mafias infiltradas que dejan miles de muertos?

¿Quién está más ciego? A) el que crea un montaje y cortina de humo B) el que no ve su incapacidad de gobernar C) el que se traga todo el teatro

Entonces ¿Quíen es el Enemigo de Dios? ¿Aquél que le cuestiona o aquél que usa su nombre para aplastar a todo un pueblo en justificación de poder?

¿Quién es el Enemigo de Dios? ¿El que no lo visita cada domingo, o el que sataniza y persigue mediaticamernte a los que han abierto los ojos a la distopía que los poderosos han creado?

¿Quién es el Enemigo de Dios? ¿Quién critica el fanatismo? ¿O el que convierte en cortinas de humo las creencias de la gente y achaca todos los problemas sociales al alejamiento de la iglesa?

¿Quién es el Enemigo de Dios? ¿Yo que lo cuestiono? ¿O ellos, que su lujuria de poder confirmará la ciclicicad de la Historia de este país cada 100 años?


Ellos son los Enemigos de Dios: los que causan mayor daño en su nombre que aquellos que lo reniegan...

21 de septiembre de 2009

¡Queremos pastel, pastel, pastel...!

Con extrañeza, me encontré a través del twitter una columna que Denise Maerker publica hoy en El Universal. Digo con extrañeza, porque esta señora normalmente se encuentra dentro del corral de los alineados, pero parece que da algunos brincos hacia afuera con columnas como ésta.

Este texto refleja que el encargado del Despacho de los Pinos, definitivamente vive en otra realidad. El próximo año nos van a cobrar hasta por lo que no consumamos, porque se supone que no hay dinero, peeero...


Denise Maerker
No hay pan, comamos pastel

Cuenta la leyenda que cuando Maria Antonieta, esposa de Luís XVI, rey de Francia, escuchó a lo lejos la desesperación de unos parisinos que gritaban que no tenían pan para comer, ella habría comentado airada: ¡pues qué coman pastel! Los historiadores coinciden en que el hecho en sí nunca ocurrió, pero era uno de los muchos rumores que corrían entre los franceses en los meses previos a la revolución. A Maria Antonieta la odiaban por extranjera y fatua, y ese rumor sintetizaba bien la acusación de que en la Corte se vivía en un ambiente tan alejado de la realidad del pueblo que un comentario así era posible.

Aquí está pasando algo parecido, y no es leyenda. Felipe Calderón piensa gastarse 2 mil millones de pesos en una grandiosa fiesta para conmemorar el bicentenario. Justo ahora, mientras nos debatimos todos con la crisis económica, muchos en el desempleo y otros con el temor de perderlo, en un ambiente viciado por los rebrotes de la influenza, los muertos del narco, la sorpresa y la zozobra de ver aparecer a fanáticos religiosos perturbando el cotidiano. Justo ahora, cuando nos piden más dinero porque dicen que el que tienen no les alcanza para que el Estado funcione, el Presidente cavila —dicen que tiene dudas— si desembolsa 60 millones de dólares para la ceremonia del bicentenario y otros mil millones de pesos para la publicidad del evento.


Los organizadores llevan tres semanas esperando que les den el sí definitivo y la jefa de la oficina de la presidencia, Patricia Flores, les da largas. Pero el proyecto ya esta listo y trabajado. A Calderón le gustó mucho la ceremonia inaugural de los juegos olímpicos de Beijing —la que usaron los chinos para mandar el mensaje al mundo de que ellos son la nueva gran potencia— y ordenó que buscaran y contrataran a los mismos productores para que se hicieran cargo de la fiesta del 2010. ¿Y qué estaría diciéndole al mundo el gobierno mexicano si hace algo de esas dimensiones? ¿Que somos una potencia? No. ¿Que es un país con rumbo? No. ¿Que no saben bien a bien que festejar? Sí. Pero sobre todo dejaría de manifiesto que cuando no hay pan, ellos nos piden que comamos pastel.


No hace falta hacer la lista de en qué se podría gastar ese dineral, las posibilidades abundan. Y Calderón lo sabe. En la lista de diez puntos de su informe dijo: “como un legado del bicentenario México debe y puede alcanzar durante esta administración la cobertura universal de salud”. Esa sí que sería una forma de festejar.


La columna lo dice todo... pero es algo curioso lo que está comenzando a suceder en la prensa mexicana: algunos medios que normalmente estaban de rodillas, están comenzado a ponerse en cuclillas a través de sus columnistas... ¿Algún trato no se cumplió acaso?

En fin: ¡Queremos pastel, pastel, pastel...!

2 de septiembre de 2009

Septiembre 1

Este cartón titulado "Lo que el Viento se Llevó" de El Fisgón apareció en La Jornada, el 1 de septiembre.
Para reir y llorar: